La evolución del traje masculino está ampliando las formas de entender la elegancia. Junto a las propuestas tradicionales, la moda europea ofrece alternativas que dan mayor espacio al movimiento, las texturas y las combinaciones: chaquetas de construcción ligera, pantalones con más holgura y conjuntos que pueden adaptarse a distintos momentos del día.
El lookbook masculino de John Lewis para primavera-verano 2026 describe precisamente una aproximación más suave y relajada al vestir formal. En la misma temporada, Zegna propone siluetas de sastrería en lino, con una paleta que incorpora marrones terrosos y blancos crudos. Son expresiones distintas de una búsqueda compartida por hacer convivir comodidad y sofisticación.
Mustafá, empresario detrás de LRA Boutique y Mus Trajes Modernos, acaba de regresar de Europa con cápsulas de trajes para su negocio. Para él, interpretar las propuestas internacionales exige mirar más allá de una fotografía y comprender cómo está construida cada prenda.
“La diferencia se aprecia al ponerse el traje: cómo cae la tela, cuánto permite moverse y cómo se relacionan la chaqueta y el pantalón. Una silueta más relajada necesita proporciones bien resueltas. Elegir una talla más grande no produce el mismo efecto”, explica.
Comodidad con atención a la confección
La búsqueda de ligereza también aparece en el análisis publicado en febrero de 2026 por la asociación textil AATCC, que identifica el confort como un eje de la sastrería masculina contemporánea y recoge el uso de mezclas como lana con lyocell y lino con lyocell en propuestas internacionales.
Para Mustafá, esa conversación resulta especialmente pertinente al pensar en el uso de un traje durante jornadas largas o en los meses más cálidos. La elección requiere observar la composición, el tejido, el forro y la estructura de la prenda, además de su apariencia.
“Dos trajes pueden verse parecidos en una foto y sentirse muy distintos al usarlos. Por eso es importante revisar la tela, la construcción y el movimiento. El cliente debería poder sentarse, caminar y levantar los brazos durante la prueba; esa experiencia entrega información que el espejo por sí solo no muestra”, señala.
Del conjunto completo a las piezas por separado
Otra posibilidad es ampliar las combinaciones. Según el diseño y el código de vestimenta, una chaqueta puede acompañar un pantalón diferente, mientras un pantalón de traje puede combinarse con una camisa abierta al cuello o una prenda de punto.
“Para que una pieza funcione por separado hay que mirar su textura, su terminación y su nivel de formalidad. Algunas chaquetas se integran muy bien con un look más cotidiano; otras conservan un carácter claramente ceremonial. Parte de la asesoría consiste en explicar esas diferencias y mostrar combinaciones que tengan sentido”, agrega.
Estas propuestas llegan a un mercado local activo. Según cifras difundidas por la Cámara de Comercio de Santiago en julio de 2026, la moda online registra un crecimiento superior al 14%, mientras las ventas presenciales muestran una recuperación cercana al 6%. Ambos indicadores corresponden al conjunto de la categoría y dan contexto a una oferta que se desarrolla tanto en canales digitales como físicos.
Interpretar la tendencia para la vida cotidiana
Tras su viaje, Mustafá plantea que el desafío comercial consiste en seleccionar propuestas que puedan dialogar con los hábitos, presupuestos y ocasiones de uso del consumidor chileno. Una tendencia internacional puede servir como referencia, pero su incorporación requiere evaluar qué aporta al vestuario de cada persona.
“Traer una cápsula implica tomar decisiones sobre diseño, calce y posibilidades de uso. Hay que pensar a quién le puede servir esa prenda y cómo ayudarlo a incorporarla. El conocimiento del negocio está en conectar lo que se está proponiendo afuera con lo que una persona realmente necesita acá”, afirma.
Su recomendación es comenzar por un cambio que resulte cómodo: explorar una textura, probar un pantalón con otra caída o ensayar una combinación diferente. “La elegancia también tiene que ver con sentirse a gusto. Una buena elección permite que la persona lleve el traje con naturalidad y pueda hacerlo parte de su propia forma de vestir”, concluye.
